A pesar de más de 100 años de investigaciones y desarrollo de la psicología como ciencia, es común aún hoy mismo, que nos resistamos a acercarnos a los profesionales, parece más sencillo aceptar la atención psiquiátrica que muchas veces incluye medicación, como si estuviésemos seguros de que lo que sentimos, ese dolor que no podemos explicar fácilmente pero que afecta nuestra forma de vivir, de relacionarnos, de trabajar etc. se quitará con una pastilla o dos.

El dolor psicológico es real y puede ser verdaderamente intenso. Identificarlo es difícil, muchas veces se muestra en forma de pensamientos repetidos, otras en relaciones fallidas o fracasos continuos de trabajo, estudios o bien en forma de tristeza profunda o de un sinsentido en nuestro día a día. Puede parecerse a caminar en un lodazal, cada paso es enormemente difícil y no podemos decir por qué… ¡eso es lo más complicado!

Niños, adolescentes y adultos, todos, necesitamos identificar y usar los recursos personales que poseemos y nos permiten enfrentar el desafío que representa cada día y cobrar fuerza para seguir adelante viviendo plena y felizmente dentro de nuestras condiciones personales.

Estudios neurocientíficos han mostrado que, como seres vivos que se adaptan a su entorno, el diseño de nuestro cerebro permite que tendamos a interpretar de forma negativa lo que enfrentamos cada día, esto tiene lugar gracias a un proceso fisiológico que lo favorece, así que podemos fácilmente tener pensamientos negativos constantemente, hacer juicios dañinos para nosotros mismos, sentir temores y remordimientos que pueden acompañarnos cada momento del día o aparecer en un momento en que nuestros recursos psicológicos están en baja forma.

Ahora bien, también se ha demostrado que este proceso se puede modificar gracias a la plasticidad cerebral sustentada ni más ni menos que en la posibilidad que tenemos de pensar y actuar de manera diferente si nos decidimos a hacerlo. Por lo tanto, el reto es aprender a modificar esta tendencia, identificando nuestros recursos y usándolos como las herramientas que poseemos para lidiar con todo ello.

Tener un trabajo estable, amigos de largo tiempo, salud física, estabilidad económica, relaciones familiares estables, proyectos, un hogar limpio y ordenado, por ejemplo, son algunos indicadores de salud psicológica.

Igualmente, la capacidad de enfrentar situaciones dolorosas tales como fracasos, pérdidas, rutinas o actividades que requieran esfuerzo, entrega y compromiso habla de nuestra fortaleza psicológica.

Desde luego diversos eventos internos y externos ponen a prueba nuestros recursos y fortaleza, intentar solucionarlo confiando en nosotros mismos es necesario, sin embargo, no siempre resulta posible, en entonces cuando en plena consciencia de lo importante que es mantener nuestra estabilidad debemos pedir ayuda.

Asistir a una consulta psicológica implica hablar de lo que nos duele, enfrentar nuestras creencias más oscuras, hablar de nuestros miedos y de pensamientos dolorosos, comprobar si el juicio que hago de mi persona es justo, es hablar de todo lo que entorpece mis relaciones y eso duele, pero si logramos atrevernos a enfrentar todo esto, podemos verlo como un acto de valentía a favor de mi salud, mi estabilidad y la de mis seres queridos.

Acompañar y asistir a las personas en la búsqueda de la salud y equilibrio emocional sin medicación, es la misión de la psicología.

Ofrecer un espacio íntimo de reflexión donde “acomodar el desastre interior” y darle sentido a cada decisión, ha sido durante mucho tiempo la formula empleada, sin embargo, a la luz de la neurociencia y sus aportes contundentes, hoy contamos además con una serie de técnicas y herramientas sencillas que nos permiten estimular los procesos cognitivos que fundamentan nuestra posibilidad de pensamiento y consciencia.

Así pues, la psicología no tiene nada que ver con la locura, es reconocer nuestra forma de pensar y modificarla si hace falta, entendiendo que cada cerebro funciona diferente y que existe una razón para cada manera en que reaccionamos, es también mejorar procesos de atención, memoria, concentración y abstracción que nos permiten ser conscientes de la persona que somos practicando los valores morales que elegimos y que nos definen.

Llegados a este punto podemos ver claramente que el cuidado de nuestra salud mental y estabilidad emocional es nuestra responsabilidad, somos parte activa en lo que nos ocurre cada día, podemos y debemos estar atentos y si es posible, evitar la medicación, teniendo en cuenta que indudablemente en ocasiones particulares debemos recurrir a ella.