Hemos iniciado un nuevo año, por fin desechamos el 2020 que tan mal nos ha tratado y pensamos que el 2021 será mejor, tenemos esperanza.

La gran mayoría de la población no habíamos vivido un evento de talla mundial que implicara muerte, enfermedad, desolación, desconcierto, incertidumbre e inseguridad como lo que estamos viviendo.

En un análisis general de orden psicológico, desde marzo pasado hemos transitado por una serie de emociones con sus respectivas respuestas físicas que nos han afectado en mayor o menor medida.

La sorpresa, el miedo, la ansiedad, la rabia, la vulnerabilidad e inseguridad y la tristeza son algunas de estas emociones y cada persona ha reaccionado de diferente forma, unos con más intensidad y otros con menos.

El esfuerzo psicológico que ha representado esta vivencia es enorme, pues hemos debido adaptarnos a innumerables situaciones por un largo periodo y hoy mismo estamos agotados.

La satisfacción de las necesidades personales se han visto trastocada y es fácil escuchar en la calle frases como “no soy como siempre”, “yo normalmente soy muy alegre y ahora no puedo serlo”, “frecuentemente siento ganas de llorar y yo no soy así, soy una persona muy fuerte”, “hay días que no quiero levantarme de la cama”, “esto es un asco”, “me enfado con mucha facilidad” y un largo etcétera de frases que describen el sufrimiento psicológico que en general estamos padeciendo y en especial en los últimos días en que el estrés y la ansiedad han ido en aumento a partir de las cifras, las restricciones y sobre todo la clara cercanía de los casos de enfermedad.

Identificarlo así, como sufrimiento psicológico es necesario, ya que puede venir acompañado de consecuencias físicas tales como dolor de cabeza, falta de sueño, sensación de estrés o ansiedad, irritabilidad, cansancio, apatía, aislamiento y caída del pelo, por ejemplo.

Hablar, compartir con quien pueda escucharnos y sacar de nuestra cabeza aquellos pensamientos que nos lastiman, creencias que se han generado en esta situación, por absurdas que parezcan, necesitan salir de ahí y ser expresadas claramente, esto trae consigo un gran alivio.

Compartir con amigos o familiares momentos a través de videollamada es necesario, más que una llamada telefónica, la diferencia es clara pues la posibilidad de verlos satisface una de las necesidades básicas de nuestro cerebro respecto a la interacción social, que es el contacto visual y la interpretación gestual, nos sentiremos más cerca.

Haz una agenda, planea, programa actividades para cada día donde al menos una de ellas te resulte placentera, involúcrate y no te abandones a la rutina dejando que la situación determine tu estado de ánimo.

Uno de los efectos más severos de la pandemia es sin duda la imposibilidad de sentirnos dueños de nuestro futuro, no podemos planear, por el momento nos encontramos en un estado de incertidumbre y limitaciones que parecen interminables.

Podemos ver claramente que la presión va en aumento y por consiguiente la posibilidad de un mayor sufrimiento, lo que sin duda puede además de incrementar síntomas como los que he mencionado, propiciar que la esperanza con que empezamos el año mengüe al igual que nuestros recursos psicológicos para mantenernos fuertes, equilibrados y sanos.

Debemos hacernos cargo de nuestro bienestar y buscar la ayuda pertinente, sin vergüenza, sin titubeos, poner el nombre y reconocer que estamos en riesgo todos, que nuestros niños y adolescentes igualmente transitan emociones intensas que deben gestionar con sus propios recursos, así que escucharlos, escucharnos y pedir ayuda cuanto antes, si es que no podemos resolverlo solos es lo más saludable, siendo conscientes de que ponernos en manos de un profesional no nos convierte en débiles o incapaces, finalmente esto también es una parte de las consecuencias de la pandemia mundial.

La psicología posee recursos más que suficientes para el tratamiento exitoso de lo que estamos experimentando, hablemos, saquemos de nuestra cabeza aquello que tanto nos lastima, busquemos respuestas evitando que el malestar se incremente y provoque daños más severos para nuestra salud mental, sobre todo, debemos seguir confiando en nosotros mismos y en el futuro que nos aguarda cuando el proceso de esta pandemia finalice.